El devorador de libros

“Ambos se sintieron enseguida muy cómodos, uno con el otro, sin motivo, esto era una sensación común en Fortuna”… La guiolista escribe una saga de cuentos que, bueno, ya saben, sólo pueden pasar en Fortuna. Bienvenidos a un rincón del mundo un tanto peculiar

FORTUNA

 I

El devorador de libros

Beso tenía un grave problema, bueno, según se mire. Beso era abultado como una tinaja de Alí Babá y los 40 ladrones, pero no había engordado tanto por comer sino por leer: devoraba los libros. Mientras más leía, más se hinchaban sus extremidades y su panza. Llegó a pesar casi 200 kilos y lo peor es que no podía dejar de leer. Además, con ese peso, estaba inmovilizado en un gran sofá del color y el tacto de un oso siberiano, y sólo se entretenía leyendo. Apoyaba el libro en su descomunal panza y disfrutaba indescriptiblemente con cada nueva lectura. Mientras más se deleitaba con ella, mientras más emociones le provocaban los textos, más engordaba.

 Un día, llegó un médico a Fortuna, el doctor Pintor. Don Pintor era médico porque no supo decir que no a la última voluntad de su padre, y era un buen médico, pero su verdadera pasión era pintar, para lo que tenía un innegable talento. Don Pintor había oído hablar de Fortuna y decidió venir al único pueblo donde pensaba que podía simplemente ser, sin ser juzgado, y dejar salir sus verdaderas pasiones.

 El doctor Pintor se instaló en la casa que, sin saberlo, había sido construida para él. Se llamaba La Boda, una casa cuyos techos tenían pintados los temas más importantes de Chagall. Cuando el doctor Pintor se enteró del caso de Beso, fue a verlo para ayudarle a solucionar su descontrolado problema. Ambos se sintieron enseguida muy cómodos, uno con el otro, sin motivo, esto era una sensación común en Fortuna. Quizás porque todo el que llegaba a Fortuna lo único que traía eran buenas intenciones y mucha ilusión.

Doctor Pintor: la única forma de parar esta obesidad que te puede matar sería dejar de leer, pero no me siento con autoridad moral para pedirle a alguien que abandone su pasión, más cuando es su modo de vida. Unir pasión y trabajo es la hazaña más hermosa de esta vida.

 Beso corregía las erratas de todas las copias de los libros que llegaban a Las Mil y una…, la biblioteca de Fortuna, la biblioteca con más títulos de las artes y las ciencias de todo el mundo.

 Beso: (Cuya voz parecía que salía de un hueco tonel) Prefiero morir leyendo que vivir sin libros.

 Doctor Pintor: Entiendo.

El doctor quedó unos momentos pensativos. Beso miraba con nostalgia el libro abierto en su panza, en esta ocasión se trataba de “la historia interminable”, acababa de terminar “Momo” y quería saborear más del tal Ende.

Doctor Pintor: muchos pintores han creado colores impensables. El secreto de un color está en la mezcla, todo en su justa medida. Quizás en tu caso sea aplicable lo mismo.

 Beso: Buscar un equilibrio.        

 Doctor Pintor: Exacto. Por razones que desconozco, tu organismo asume la lectura como alimento no sólo del alma, sino del cuerpo. Antes esta evidencia, hay que tratarlo como una obesidad por ingestión alimentaria. Sugiero que compenses el esfuerzo intelectual con el físico. Calculemos las calorías que engorda Crimen y Castigo, El Quijote o Hamlet y haremos unas tablas de ejercicio físico que ayuden a quemar esas calorías. Claro que, al principio, tendrás que leer un poco menos y ejercitarte más hasta poder lograr un equilibrio. Pero eso no es problema porque el tiempo que inviertas en ejercitarte, no podrás leer.

 Beso: (tras unos segundos pensativos) Podría intentarlo.

 Doctor Pintor: Sí. Por cierto, tienes ese libro de los colores de Kandinski.

 Beso: Pasa y mira en la habitación rojo fuego, en los estantes de la izquierda.

La casa de Beso era enorme. 8 estancias en la planta baja y 6 en la segunda, más el ático, donde Beso vivía antes de engordar. Cada estancia estaba pintada de un color vivo y fuerte, y sus paredes estaban forradas de estanterías con libros hasta el techo. Incluso el baño, donde los libros, todos muy cuidados, estaban protegidos por un divertido cristal con forma de libro abierto. Todo en aquella peculiar mansión recordaba al mundo de los libros de una forma práctica y divertida. Ningún detalle era gratuito. Por ejemplo, las manillas de las puertas tenían forma de gafas de leer, las escaleras parecían las teclas de una vieja máquina de escribir, sin contar que había retratos de escritores famosos en cada estancia: Shakespeare, Dostoievski, Hess, Kafka, Homero y un largo etcétera.

 El Doctor Pintor entró a la habitación rojo fuego. Todos los detalles de aquella habitación intuían el rojo. Era la habitación de las artes plásticas. Ahí, Beso guardaba desde libros de papiroflexia a enciclopedias de fotografía artística. Y, por supuesto, el libro de los colores de Kandinski. El doctor Pintor lo tomó entre sus manos como quien sostiene un valioso tesoro.

Beso: (Desde la habitación azul) Lléveselo. Sólo le pido que me lo devuelva cuando sienta que ya no tiene nada más que aprender de él.

En muestra de agradecimiento, el doctor Pintor le prometió un mural librotesco para el techo del ático. Beso aceptó el trato. Y ambos se pusieron manos a la obra. Así funcionaban las cosas en Fortuna.

Elaborar la dieta no fue sencillo. Ambos estuvieron de acuerdo en que el número de hojas tenía su influencia porque suponía una mayor inversión de tiempo, pero lo que verdaderamente engordaba más era la calidad literaria del texto, así que escogieron sólo 10 obras maestra de la literatura universal, muy a pesar de Beso que no quedó plenamente satisfecho con la selección. A partir de ahí y aplicando una sencilla regla de tres, se podía obtener las calorías de cualquier libro; así, Besos podría llevar un estricto control de la que bautizaron como “dieta literaria”.

La “dieta literaria” funcionó a las mil maravillas, Beso logró perder 50 kilolibros en apenas 3 meses, pero junto al peso perdía un poco de pasión por la lectura. Lo cual era buena para su salud pero perjudicial para su espíritu.

Doctor Pintor: Beso, tenemos un problema. Si continúas con la dieta, existe un grave riesgo de que pierdas completamente el apetito por la lectura y caigas en una profunda depresión.

Ambos debatieron largo y tendido sobre el asunto, llegando a la conclusión de que el enfoque de la dieta era erróneo: estaban intentando solucionar el problema sin haber investigado las causas que lo originaron, ya que Beso devoraba libros desde que la profe Encantamiento le enseñó a leer en la “Escuela de la Curiosidad”. Sin embargo, hasta hace unos 5 años no empezó a engordar.

Doctor Pintor: ¡Qué misterio!  

Por sugerencia de don Pintor, Besos pasó varios días intentado recodar algún amargo o extraño suceso que ocurriera en su vida 5 años atrás, algo que pudiera considerarse detonante de este peculiar cambio metabólico. La búsqueda no dio resultado, así que don Pintor decidió hipnotizar a Beso para explorar los rincones de su subconsciente. La experiencia fue sorprendente, Besos guardaba en su memoria cada palabra leía, cada coma, cada emoción, y llegó a la siguiente conclusión:

Doctor Pintor: Beso, parece que el problema radica en tu cerebro. Está saturado, ya no tiene espacio para guardar más historias, así que todo lo que ya no puede asimilar lo desvía al resto del cuerpo.

Beso: (asombrado y preocupado a la vez) ¡Vaya!… Y… ¿eso tiene solución?

Doctor Pintor: (muy contento de poder ayudar a Beso) Sí, compartir.

El doctor Pintor le explicó que si compartía las historias con otras personas podría descargar su mente y hacer sitio a nuevas historias. A Beso le pareció una solución tan acertada que desde esa misma tarde comenzó a contar cuentos en la “Plaza de la belleza” y, a cambio, los asistentes le echaban libros, guisos caseros, jabón de rosas y otros enseres útiles para el aseo diario. Pocos meses después, Beso recuperó su peso normal sin perder un ápice de su necesidad de devorar libros, y además descubrió una nueva pasión: la felicidad de compartir conocimientos.

Anuncios

~ por Guiolista en 12 febrero, 2010.

Una respuesta to “El devorador de libros”

  1. :) Ojalá pudiera ir a Fortuna y sentarme en algún rincón entre los concurrentes y escuchar esos relatos, para para tener valiosas experiencias y sobre todo… aprender a compartir. Mis felicitaciones!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: