El hechizo de la soledad

Cuando la soledad no es deseada, cuando la vida te aísla del mundo, ni la belleza de la naturaleza puede salvarte… Eso es justo lo que le pasa a los personajes de Calvario, unos insólitos seres que actúan bajo el hechizo de la soledad.

Su cruel encantamiento les provoca ver amantes donde no se podría prender ni una cerilla, encontrar una esposa perdida donde sólo hay un “artista” de segunda,  o una prostituta de pueblo,  donde sólo hay un obediente perro humano.  Todos creían ver un objeto sexual donde sólo había un pésimo cantante de feria que actúa con una hortera capa de mago. Al fin y al cabo, qué es el sexo sino una extraña necesidad de calor humano, de compañía…

Al  ver  Calvario (Guión de Fabrice du Welz y Romain Protat. Dirigida por  Fabrice du Weltz. 2004) sentí  escalofríos, asco, pena, asombro, incredulidad, compasión, miedo, por los débiles que podemos llegar a ser los seres humanos… Confieso que también me hizo reír, pero más por el absurdo del comportamiento de un personaje maravilloso: el dueño de la pensión. Uno de esos personajes diminutos y humildes que luego terminan engullendo al protagonista. Aunque,  a decir verdad, el protagonista de esta cinta “muere” al final del primer acto. No físicamente, peor, en vida.

Con una estética visual que eriza el bello, Fabrice du Welz sólo usa dos colores en todo el metraje: el verde de la increíble naturaleza que rodea la oscura vida de los personajes  y el rojo del infierno que ésta esconde.  La naturaleza como reflejo de las terroríficas emociones que retrata. Así, de un plano a otro, pasa del más sombrío bosque a un desierto nevado sin que al espectador le choque lo más mínimo el abrupto cambio de paisaje.

Welt disfraza todo esto de absurdo,  de  locura, de terror… Pero, en el fondo, es una radiografía de la soledad extrema. Una radiografía que el guionista y director belga disfraza de homenaje al cine de terror de los 60´ y 70´: a Psicosis, de Hitchcock; a Una noche, un tren, de André Delvaux; o a la mítica película La matanza de Texas, de Toby Hooper.

Hay dos cosas que me tocaron mucho de Calvario: una, el saber que Welz recibió un NO tras otro hasta poder rodar  la peli que tenía en su cabeza –luego fue seleccionada para Cannes y ganó varios premios en otros festivales,lo que es la vida, ¿verdad?-. La segunda, el final.  Me conmovió la última secuencia  donde el protagonista resucita de su letargo emocional y, en vez de vengarse de todo el “calvario” que ha sufrido, muestra  una infinita compasión y sólo dice: je t’aime…  Porque realmente entiende que son ellos y no él quiénes sufren el calvario de la soledad…  Probablemente Welz no quiso decir nada de lo que yo he entendido al ver su cinta, o sí, quién sabe. Pero ésa es la magia de las historias, que a cada uno le toca de una manera

 Si llegáis a disfrutarla, veréis que es como adentrarse en uno de los lados más oscuros de la vida: la soledad no deseada, el saber que estarás solo hasta que  morir, de abandono. Qué triste y qué hermoso a la vez tener tanto amor para dar, pero a nadie que lo quiera recibir. ¿Y dónde lleva el amor que no damos? A la locura. A bailar y bailar y bailar con enanos rojos como extraños pingüinos sin hielo…

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~ por Guiolista en 1 marzo, 2010.

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