La Clave de Xilo

  Sigue la saga de singulares sucesos que acontecen en Fortuna, este rincón del mundo un tanto peculiar… 

 FORTUNA 

II 

La clave de Xilo 

No todo era paz y armonía en Fortuna. La nota discordante la ponía don Xilo, un misterioso hombrecillo llegado del lejano oriente cuya edad era un absoluto misterio. Muchos pensaban que había hecho un pacto con diablo; otros, que su secreto estaba en la música. Y es que don Xilo era un cascarrabias pero tocaba como los ángeles. Cualquier objeto que cayera en sus manos, ya fuera un pedrusco chueco o el corazón de un melocotón, el viejo lo hacía cantar; pero sin duda las mejores notas se las robaba a las tripas su violín. 

Los afortunados jamás de los jamases se atrevían a juzgar a nadie, mucho menos sin conocimiento de causa. Pero lo de don Xilo ya pasaba de castaño oscuro; la verdad, resultaba francamente incómodo toparse con alguien que se molestaba con sólo mirarle. Nadie en Fortuna comprendía como un ser con un alma tan enojosa podía erizar el bello con tan sublimes melodías, especialmente Paciente, el caza noticias del lugar, que decidió desvelar este misterio de una vez por todas.  

Paciente sabía que la solución de este acertijo era complicada, don Xilo en sí era un tipo complicado: tronara o nevara, siempre llevaba pantuflas, vestía ropa cómoda como el sofá de casa y cubría su cabeza con un sombrero turco, bajo el que asomaba una fina trenza blanca. El ermitaño vivía en los Picos Azules – un acantilado de riscos tan altos que daba la sensación de estar en el cielo-, donde habitaba una parca caverna con vistas a los indescriptibles atardeceres del mar de cristal.  

El reportero hizo una sencilla encuesta a los 31.415 -31.416 con don Xilo- habitantes de Fortuna y la mayoría coincidía en que la causa del mal humor del músico era que pasaba demasiado tiempo solo. Así que Paciente propuso lo siguiente: 

Paciente: dado que don Xilo necesita urgentemente mejorar su vida social y su pasión por las negras y corcheas es conocida por todos, yo propongo que pidamos a ese testarudo que organice un coro… 

Paciente dio con la tecla. Su propuesta fue secundada por todos y esa misma tarde Paz, la paloma mensajera, la única que sabía llegar a la inhóspita cueva del músico, comunicó a don Xilo la generosa oferta. Para sorpresa de todos, don Xilo aceptó encantando con la condición de que ensayaría al aire libre, en la Plaza de la Belleza. La coral comenzó a ensayar y todo iba de fábula, incluso ganaron el concurso de “Talentos desalentados”, sin embargo don Xilo seguía tan arisco como siempre. Los afortunados, resignados, simplemente trataron de convivir con el agrio carácter del músico, pero Paciente se resistía a rendirse. 

Paciente: tal vez don Xilo necesita compañía, pero no la nuestra

Paciente siguió indagando en secreto y descubrió cosas francamente interesantes. Al contrario de lo que pudiera parecer, don Xilo era un hombre muy sano y disciplinado. Se hacía su propia ropa, se preocupaba mucho por su aseo personal, poniendo especial esmero en llevar impecables las uñas y los dientes. Pescaba cada día su comida y la cocinaba con las verduras de su huerto mientras canturreaba con Paz, la paloma mensajera. Pasaba horas en su huerto con forma de corazón donde cultivaba toda clase de frutas y vegetales. Cada mañana caminaba hasta la otra punta de Fortuna para hacer sus ejercicios matutinos al ritmo del amanecer y cada tarde tocaba apasionadamente su violín hasta que el sol se sumergía en el mar de Cristal

El caza noticias quedó aún más sorprendido cuando descubrió la cueva de don Xilo. Salvo por una vieja radio, aquella acogedora caverna contenía lo justo para subsistir. Pero le extrañó que todo en aquel particular hogar parecía preparado para recibir una importante visita de un momento a otro: flores en todos los rincones, inciensos naturales, música romántica… Junto a un rudimentario atril, Paciente encontró cientos de papelajos esparcidos por el suelo. Al principio creía que se trataba de partituras, pero enseguida se dio cuenta que aquellas letras emborronadas eran cartas, cartas de amor.  

Leyendo aquellos arrugados sentimientos supo que todo empezó dos meses, 3 días, 4 horas y 5 minutos después de que el músico llegara a Fortuna. Un día llegó a la ciudad, casi de puntillas, una modosita y rellenita dama del desierto del Nazca. Ataviada con su timidez y su colorido traje típico del Perú, montó su tiendita de artesanías en una esquinita de la Plaza de la belleza. Era tan discreta y comedida que don Xilo, que pasaba a diario por la plaza, no se percató de su presencia hasta un mes después de su llegada. Clave, que así se llamaba la dama en cuestión, cargaba siempre su manta de artesanía con motivos florales de todos los rincones del mundo: desde una simple margarita, pasando por la roja amapola hasta un nenúfar o una exótica orquídea africana. 

Un día, don Xilo despertó enamorado sin remedio de esta angelical criatura. Pero a la vez que descubrió este sentimiento, se dio cuenta de que todo lo que era capaz de expresar con su música era incapaz de expresarlo con palabras. Pasaron los meses, y los años y don Xilo cada vez se veía más viejo e impotente para cruzar un simple “buenos días” con su amada, así que su carácter se fue agriando. 

Paciente detuvo su lectura con ojos vidriosos. Don Xilo no estaba enfadado con el mundo, ni con los habitantes de Fortuna, sino consigo mismo por su torpeza para comunicarse con otro lenguaje que no fuera la música. Y estaba claro que a Clave la amaba tanto o más que a las negras y corcheas. Así que Paciente decidió por su cuenta y riesgo darle al hombre un pequeño empujoncito. 

El caza noticias, astuto, sabía que si don Xilo se enteraba de sus intenciones lo echaría todo a perder, así que se le ocurrió lo siguiente: provocar un encuentro. Para llevar a acabo su plan, Paciente convenció a la tímida Clave para que fuera a los Riscos Azules a contemplar la flora autóctona de Fortuna, y así poder hacer luego, con su ayuda, un amplio reportaje sobre la vegetación del lugar. A la mañana siguiente, Clave canturreaba mientras buscaba diversas clases de flores en medios de los Riscos Azules, cuando una hipnotizadora música llamó poderosamente su atención. Siguiendo aquellas apasionadas notas, Clave descubrió el huerto con forma de corazón y la extraña cueva, donde la pequeña dama tuvo una extraña sensación. No sabía si era aquella sentida música de violín, si era la magnífica vista al mar de cristal o el amoroso orden de aquel lugar, pero enseguida se sintió como en su propio hogar. Tan cómodo se sentía allí su corazón, que hasta se atrevió a recoger y ordenar los papelajos tirados a los pies del atril. Paz, pícara paloma, le ayudó entregándole un con el pico. Sin querer, Clave leyó las letras emborronadas escritas en él y quedó petrificada en el sitio. De repente, como si algo o alguien la empujara, Clave, papel en mano, comenzó a correr hacía la música. En lo alto de los Riscos Azules, junto al cielo, don Xilo quedó perplejo al verla, a su Clave, parada allí, frente a él, con una sonrisa en los labios y una carta de amor en sus manos. Dos lágrimas corrían por las mejillas del cascarrabias mientras tocaba su violín con más pasión que nunca. 

Sólo Paciente fue testigo de tan impactante encuentro y, por una vez en su carrera profesional, decidió no hacer pública la feliz noticia. Paciente se llevó el secreto a la tumba, así que nunca nadie supo por qué don Xilo empezó a dar los buenos días con una sonrisa. Todos se alegraron mucho y cuando preguntaban a Paciente sobre el increíble cambio éste les decía: 

Paciente: bueno, ya saben, son cosas de Fortuna…

Anuncios

~ por Guiolista en 3 marzo, 2010.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

 
A %d blogueros les gusta esto: