Peor que la traición es… la soledad.

Peor que la traición es la soledad”, esta frase del propio Ingmar Bergman resume a la perfección la obra que pude ver ayer en el Teatro Español: Escenas de un matrimonio y Sarabanda, basada en las cintas homónimas del cineasta sueco. Una doble sesión de teatro adaptada y dirigida por Marta Angelat.

Bergman, aunque yo tampoco sé decir muy bien por qué, es uno de mis guionistas y directores favoritos.  Me hubiera gustado mucho ver una obra teatro, quizás esta misma, dirigida por él. Porque,  aparte de ser  uno de los cineastas más influyentes de la historia del cine, este frío y complicado sueco estuvo, como él mismo dijo, más ligado al teatro que al cine: Mis películas son sólo una muestra de lo que hago en el cine”. Gritos y susurros, Persona y El silencio son mis pelis predilectas de él.

Tanto Secretos de un matrimonio (973) como Sarabanda (2003) –su última película –  forman parte de un todo. La primera, abarca 20 años de un matrimonio que se traiciona y aún así, no termina de divorciarse. La segunda, recupera a ese mismo matrimonio 30 años después… Toda una vida de amor, o tal vez… de no querer estar solo.

Disfruté muchísimo. Sobre todo de la primera parte –Escenas de un matrimonio-,  Francesc Orella  y Mónica López  estuvieron soberbios en su interpretación de Johan y Marianne. Aunque la adaptación teatral de Angelat es benevolente. Las cintas de Bergman, aún siendo creadas para la televisión, son mucho más frías, duras y crueles que la propuesta teatral que vi ayer.

La segunda parte de la obra, Sarabanda,  me costó más digerirla. Quizás porque ya llevaba dos horas y media sentada en una rígida butaca (la obra dura 3 horas y media, sin incluir el descanso), oyendo toser a medio patio de butacas y el tono del móvil de algún desalmado que no lograba desconectarlo en la oscuridad del anfiteatro… O porque deja de lado la vicisitudes de Johan (Miquel Cors) y Marianne (Marta Angelat) -que se reúnen 30 años después de su último encuentro-, para entrar en la vida de sus hijos y nieta (Aina Clotet)… O tal vez porque Sarabanda fue el último guión que Bergman escribió en su vida y ya no le quedaban ganas de hablar de amor, sino de rencor, miedos y muerte…

Aunque salvo un momento que me conmovió: El abrazo. Tras 30 años sin verse, la pareja se reencuentra con una naturalidad pasmosa, como si el tiempo no hubiera pasado hasta que… se dan el abrazo.

Es curioso como algunos matrimonios, o parejas,  no pueden ser felices sin discutir, sin traicionarse, si hacerse daño, como si todo ese dolor fuera necesario para hacer visible el amor que hay entre ellos: nada es si no existe su opuesto.

Sexo, abrazos, violencia, diálogo, maltrato físico, compresión, discusiones, pasión, sinceridad, traición, odio, amor… Todo un cúmulo de emociones, reales, sentidas, en este paseo por diversas escenas de la vida conyugal de Johan, profesor de psicología, y Marianne, abogada, a los largo de sus más de 20 años de ¿matrimonio? Un exhaustivo relato de dudas, desesperaciones, confusión y soledad que nos lleva reflexionar sobre las relaciones monógamas… ¿Somos monógamos? ¿Realmente llegamos a amar a alguien que no seamos nosotros mismos alguna vez? ¿Es mejor estar mal acompañado que… solo?

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~ por Guiolista en 26 marzo, 2010.

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