Personas rotas

En el film Cinco minutos de gloria (2009), Alistair Little (estupendo Liam Neeson) es reclutado con sólo 14 años por el UVF: Fuerza Voluntaria del Ulster, un grupo paramilitar, considerado terrorista,  que actuaba contra el IRA. A los 17, perpetra su primer asesinato para dicha organización y mata de tres disparos al hermano de Joe Griffin (sublimemente interpretación por James Nesbitt ), quién, con sólo 13 años, presencia paralizado el crimen.

30 años después, Joe acepta reconciliarse con Little ante las cámaras de un programa de televisión. Lo que el equipo de producción desconoce, es que Joe no ha ido al programa a estrechar la mano de Little, sino a clavarle un cuchillo al asesino de su hermano.

Con semejante arranque, ¿quién no se queda a ver el resto de la película?

Five minutes of heaven, así es título original de la cinta, está magníficamente escrita por Guy Hibbert, quien no te deja escapar ni por un segundo de la historia. Todo ha empezado cuando, de repente, termina…

Oliver Hirschbiegel, también director de El Hundimiento y El Experimento, firma esta sencilla pero profunda historia que, a pesar de su melodramático argumento, no cae en la lágrima fácil. Tiene la medida justa de melodrama, aderezada con un extraño sentido del humor: ese humor con el que no sabes si reír o llorar.

Da qué pensar la cantidad de personas rotas que dejan las armas. Salvo que hayas nacido sin corazón –o éste se te haya congelado-, apretar un gatillo no debería dejar a nadie indiferente. Más cuando ejecutores y víctimas ni siquiera son profesionales, sino ciudadanos de a pie que se toman la “justicia” por su mano…

Algo se quiebra dentro de uno cuando ve esta cinta. No entiendes cómo puedes empatizar más con un asesino más que con una víctima -pero empatizar de verdad, no por morbo-. Si aún queda conciencia, la jodida culpa es peor castigo que una bala en la sien, el perdón que nunca llega es más asfixiante que una soga en el cuello.

¿Y qué pasa con estas personas rotas?… Creo humildemente que por muy aliviante que sea el perdón con el que pegas los pedacitos de estas personas rotas, siempre les queda dentro alguna pieza de dolor suelta…

“Para hablarles del hombre que soy, tengo que hablarles del hombre que fui”…

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~ por Guiolista en 9 abril, 2010.

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