No hace falta beber ningún brebaje para convertirse en un monstruo

Ayer tuve la oportunidad de “conocer” a Vicente Aranda –y pongo conocer entre comillas porque él estaba en una mesa sobre un escenario, y yo en la penúltima fila de sala con mis gafas de ver de lejos XDDD-. Asistió a la última sesión del Taller de Dirección de Actores de la Comunidad de Madrid, ya que pasaban Luna caliente (2009), su última película, escrita y dirigida por él -e inspirada en la novela homónima del escritor argentino Mempo Giardinelli

Para ser honesta, la película no me enganchó, no me la creí, aunque el “pensamiento” que Aranda quería transmitir con esta historia sí que me gustó: “no hace falta beber ningún brebaje para convertirse en un monstruo”, dijo textualmente durante el coloquio.

Más allá de Luna caliente, el maestro Aranda tiene una filmografía a sus espaldas muy interesante y, como el dijo ayer, él no hace una peli para que guste o no guste, sino para transmitir algo, porque tiene algo qué decir… Tirante blanco (2006) –que la pasaron el domingo en La1 TVE -, Carmen (2003), Juana la Loca (2001), Libertarias (1996), La pasión Turca (1994),  Amantes (1991) –por la que recibió el Goya a mejor dirección-, La saga de El Lute o Fata Morgana (1965), entre muchas otras…

Me gustó mucho la sinceridad y honestidad de Aranda sobre su forma de trabajar las historias. Contaba que las aborda de forma más intelectual que pasional. Sobre todo en los diálogos, que para él debía ser más intelectuales que naturales.

Obviamente, sería imposible escribir unos diálogos copiando tal cuál nuestro modo de expresarnos oralmente: tenemos muchas coletillas, repetimos muchas palabras, no terminamos las frases, dejamos pensamientos dicho a medias… Mucha verborrea inútil que sólo delata una cosa –como bien apuntó Aranda-: no pensamos cuando hablamos; primero decimos y luego pensamos… En este punto, trajo a colación la frase de Valle-Inclán: “Cómo quiere que le diga lo que pienso si todavía no lo he dicho…”

Aún así, hay guionistas que tratan de hacer diálogos naturales, muy de calle, falseando esa verborrea y otro que huyen de este recurso, como confesó Aranda… También dijo algo que me pareció muy interesante: que para él el cine, a nivel de historia, de guión, es literatura.

Por otro lado, dejó claro que da mucho valor a la cámara. Es más, dijo que usa “la cámara como revelador del pensamiento” de sus personajes… En este sentido, lanzó varias reflexiones respecto al guión de cine versus guión de TV. Está claro que un guión de TV se puede asemejar a uno de cine, pero jamás podrán ser iguales, porque el nivel de atención de los espectadores de TV no es ni la décima parte del que va al cine -donde te aíslas voluntariamente en el oscuro santuario de la ficción prestando todos tus sentidos a la película-…

Aranda confesó va mucho al cine –y añadió que más de una vez ha entrado a una sala para ver una película española y ha estado sólo en la sala, sentado en su fila 6- y, sin embargo aún no sabe distinguir una película buena de una mala. Pero comentó que sí sabía distinguir entre una película hecha para transmitir algo –puso ejemplos recientes como la mexicana “Arráncame la vida” (2008. Escrita y dirigida por Roberto Sneider)-, hechas con las tripas o el corazón, y una cinta hecha para sacar pasta –aquí nombró Avatar, entre otras-.

El maestro dijo que tenía 5 guiones terminados, 5 proyectos de diversa índole esperado hacerse realidad. Comentó que alguna cadena de TV le había dicho que convirtiera uno de esos proyectos de cine en serie de TV… Aranda reveló que ve series de TV desde hace muy poco, pero que se está poniendo al día. Dijo que, en principio, se había puesto a esta tarea  porque quería saber cómo se puede rodar una historia con la mitad de presupuesto y el doble de metraje. La respuesta que se dio a sí mismo es que eso es posible porque en los guiones para TV todo se resuelve por diálogos, todo se dice… Puso ejemplo genial para ilustra esto. Aranda recordó aquella recomendación de Buñuel que decía: nunca se debía escribir en un guión algo como “y la barcaza zozobró en el agua”, porque esa simple frase implica recrear un temporal en el mar, un hundimiento, etc… Sin embargo, recalcaba Aranda, en los guiones esa frase no escribe para ver sino para decir. En TV, todo se dice. Justo el recurso que más evitan los guionistas de cine, que tratan de explotar el lenguaje de la imagen lo más posible –bueno, hay excepciones como Woody Allen XDDD-.

Comentó lo importante que es para él usar la CONTRADICCIÓN para generar lo DRAMÁTICO: se dice una cosa mientras se está pensando en otra, queremos algo pero hacemos justo lo contrario a lo que deseamos…

Fue una charla muy constructiva donde Aranda, a mi parecer, se reveló como un hombre muy honesto con su trabajo, una persona que tiene muchas qué decir y quiere decirlas a través de sus películas…

El maestro recomendó dos libros que, según él, debía  leer cualquier persona que quiera dedicarse a hacer cine en cualquiera de sus facetas: Rojo y negro de Stendhal, y Tirante el blanco de Joanet  Martorell.

Sería interesante ver cómo se maneja un guionista y director de este calibre y forma de ver el cine en el formato televisivo… El resultado puede ser muy interesante, ¿no creen?

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~ por Guiolista en 12 mayo, 2010.

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  1. ;)

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