Búho

FORTUNA

IV

BÚHO

Búho era negro como la noche y vivía en la casa de las luces, justo al final del Parque de la Esperanza. La casa de Búho era color sol y estaba tan iluminada por dentro que siempre parecía de día; nada extraño teniendo en cuenta que poseía una colección de más de cinco mil lámparas y unas tres mil velas. Y todo porque Búho tenía un problema peculiar: un terrible e inexplicable miedo a la oscuridad.

Este temor le angustiaba incluso antes de nacer, ya que durante su estancia en el útero materno no paró de dar patadas hasta que su madre le dio a luz. Quizás por eso Búho se convirtió en fabricante de velas, o como todos lo llamaban en Fortuna: en el mago de la luz. Búho diseñaba las velas más hermosas que puedan imaginar, con increíbles colores y sorprendentes formas. Fabricaba las velas como los antiguos romanos, con fibra de algodón para la mecha y cera de abeja de su propia colmena que moldeaba con sus propias manos. También hacía velas especiales con aceite de coco y girasol, muy cotizadas en la zona norte de Fortuna ya que eran más duraderas y perfectas para el frío.

Búho era feliz en su taller de luces hasta que una tarde llegó una original invitación con forma de vela oriental a su buzón.

Estimado sr Búho, la asociación de Velas por la Paz tiene el gusto de invitarle a Bienal Internacional de la Luz, en Singapur (China). Le adjuntamos el formulario de inscripción que debe reenviarnos antes del 27 de agosto. Deseándole un brillante futuro, esperamos impacientes su positiva respuesta. Afectuosamente, Xin Lú ”.

Búho estaba emocionadísimo. Hacía años que esperaba esta oportunidad. Ganar este concurso de diseño de velas suponía un reconocimiento internacional, pero sobretodo la posibilidad de cumplir su sueño: fabricar la casa del sol, una casa completamente de cristal que aprovechara cada gota de luz natural. Sólo había un molesto inconveniente: carecía de los recursos económicos para viajar a China. Aún así, Búho no se achantó. Aceptó la invitación y ya se las ingeniaría para realizar el largo viaje.

Lo primero que hizo fue recortar gastos. Mantener su casa siempre destellante era demasiado para su modesto bolsillo. Su factura fue aumentando proporcionalmente a su colección de objetos brillantes y Búho decidió que la posibilidad de cumplir su sueño era motivación suficiente para solucionar este asunto de una vez por todas.

Lo que hizo primero fue apagar las luces durante el día, aprovechando la luz solar. También colocó paneles solares e incluso se atrevió a apagar algunas luces durante la noche. Le costó muchísimo tomar esta última decisión, ya que Búho sentía verdadero pavor a la ausencia de luz. Pero hizo sus cálculos y sólo con la tercera parte de las velas y lámparas prendidas era suficiente para sentirse a metros de la oscuridad durante la noche. Eso sí, jamás apagaría las bombillas doradas que hacía de pomo de puerta, la enredadera colgante que convertía en una cascada de plata la barandilla de las escaleras ni los chagallianos dibujos de los techos. Los hizo don Pintor a cambio de una remesa de velas para una inspirada versión de la Última cena de Da Vinci, y Búho los remató bordeándolos con hileras e hileras de luces acorde con el color de cada dibujo.

Estas soluciones aligeraron su factura mensual pero aún era insuficiente. Iba contrarreloj, ya que sólo tenía 45 días más para conseguir el resto del capital. Volvió a hacer cálculos y todas sus cuentas cuadrarían si la casa de la luz estuviera completamente apagada, incluso por la noche, durante un mes. Pero el temor de Búho a la oscuridad era tal que aquello suponía un precio demasiado alto incluso por perseguir un sueño.

Búho meditó días y días. Incluso cayó enfermo sólo de pensar en la posibilidad de tener que dormir en la más absoluta oscuridad. Pero una noche soñó que la luz de la Luna iluminaba sus sueños en un palacio de cristal y que vivía sin esa sensación de miedo permanentemente que tanto le angustiaba. Cuando despertó lo vio todo muy claro: iba a curarse el miedo a la oscuridad de una vez por todas, y en Fortuna sólo había una persona que podía ayudarle: Visionario, el óptico del pueblo.

Visionario, un joven inquieto y con un nivel intelectual que superaba con creces la media, tras escuchar atentamente el problema de Búho, dijo:

Visionario: bien, yo me atrevería a sugerir que tu temor a la oscuridad se debe simplemente a que temes lo que desconoces… Búho, déjame presentarte a la señora oscuridad, permíteme descubrirte el otro lado de la Luna…

Búho no entendía nada pero sentía a Visionario tan seguro de lo que decía que aceptó su extraña receta. En realidad, la única preocupación de Búho se limitaba a saber cuánto tiempo iba a durar el singular tratamiento.

Visionario: si haces lo que yo te diga, en una semana estarás preparado para dormir con las luces apagadas.

Búho: ¡En una semana! ¿Qué tengo que hacer?

Visionario cito a Búho a las 5 en punto de la mañana en el río de las lágrimas. Lo llamaban así porque todos los afortunados lloraron alguna vez sobre sus aguas, ya que por su fuerte corriente tenía fama de llevarse todas las penas, enfados y desgracias lejos de la ciudad. Pero Visionario no citó a Búho allí para echar sus penas al río sino para ver nacer el sol, ya que en el río de las lágrimas se gozaba de los amaneceres más increíbles de Fortuna. Búho seguía sin entender nada pero confiaba en Visionario y le dejaba hacer. Después de ver el amanecer, Visionario le dio una clase magistral sobre la luz:

Visionario: la luz visible está formada por vibraciones electromagnéticas cuyas longitudes de onda van de unos 350 a unos 750 nanómetros (milmillonésimas de metro). La luz blanca es la suma de todas estas vibraciones cuando sus intensidades son aproximadamente iguales. En toda radiación luminosa se pueden distinguir dos aspectos: uno cuantitativo, su intensidad, y otro cualitativo, su color…

El óptico seguía hablando y hablando emocionadísimo de las propiedades de la luz pero Búho cada vez entendía menos.

Visionario: … y la oscuridad, Búho, es la ausencia total de luz… Pero la una no existiría sin la otra. E igual que a plena luz suceden cosas maravillosas, en la oscuridad hay todo un mundo por descubrir…

Búho se fue a casa algo decepcionado, la terapia de Visionario no parecía dar los frutos que esperaba. Aún así, al día siguiente, Búho acudió al nuevo punto de reunión: en el mar de cristal. Visionario apareció con dos equipos de bucear y ambos se sumergieron hasta el fondo del mar, donde la única luz que existe es la que reflejan los peces como las medusas del mar de cristal, los caballitos de mar o las algas fosforescentes… Tras el chapuzón, disfrutaron de la puesta de sol con don Xilo y Clave, quiénes más tarde les invitaron a tomar té de manzana a media luz en su cueva. Cuando salieron de la cueva, Visionario dijo:

Visionario: apenas había luz en el fondo del mar, ni en la cueva de don Xilo y no te he notado inquieto o agobiado por ello.

Hasta el propio Búho se sentía asombrado de este hecho, ya que en el mar de cristal parecía pez en el agua, incluso se sintió cómodo en la penumbra de aquella cueva.

Visionario: Búho, me gustaría que meditaras esta noche sobre ello y mañana me dijera a qué crees que fue debido.

Búho meditó seriamente lo ocurrido, prácticamente no durmió, y llegó a la conclusión de que él siempre había asociado la oscuridad con cosas malas y negativas. Sin embargo, bajo el mar, con aquellos deslumbrantes especímenes marinos, ante la erizante puesta de sol y luego en aquella cueva llena de amor y música ni siquiera sintió la falta de luz.

Visionario: exacto, Búho, por fin te has dado cuenta. Ahora sólo falta un detalle más, necesito que uses tu talento para expresar todas las cosas maravillosas que ocurren en la oscuridad…

A Búho le encantó la tarea, se encerró por tres días en su taller de luces y de sus mágicas manos salieron las velas más especiales que creó jamás. En ellas, Búho representó con increíble sensibilidad y originalidad todas las cosas hermosas que él relacionaba con la oscuridad: la complicidad de una sala de cine, el romanticismo, la luna, el amor, las estrellas, el fondo del mar, el centro de la tierra, el nacimiento y la muerte de cada día, los sueños, el misterio, los faros de mar, la soledad deseada, los fuegos artificiales, la cama donde descansaba, los unicornios y las hadas, los Magos de oriente, los espectáculos y las fiestas, las norias, la antorcha olímpica y la danza de las velas de Fortuna.

Visionario: Búho, creo que llegó el gran momento. Definitivamente estás listo para dormir con las luces apagadas.

Búho estaba muy nervioso aquella noche. Subió a su habitación apagando cada luz que encontraba a su paso. En su cuarto sólo quedaban encendidas las velas especiales. Apagó una a una hasta llegar a su cama: la de la Luna, la del misterio… así hasta llegar a la última vela: la del amor. Búho estaba realmente asustado en medio de aquella amenazante oscuridad, pero entonces, su cabeza se llenó de todos los bellos pensamientos que inspiraron aquellas velas. Antes de que se diera cuenta, Búho dormía como un ángel.

Cuando Búho volvió de la China con una sonrisa en los labios y su premio bajo el brazo, no tardó ni un minuto en empezar a construir la casa de sus sueños. Visionario le echó una mano con la elección de los cristales. En menos de 5 meses, Búho dormía arropado con luz de luna en su palacio de cristal.

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~ por Guiolista en 12 junio, 2010.

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