La almendra amarga…

Casi nunca leo las sinopsis de las películas antes de verlas, prefiero que me sorprendan –a veces, mientras menos sepa de una película, más me atrae verla-.  Siempre voy a verlas por algo que me llame la atención: El guionista, el director, un actor, el género, etc… O como en este caso, el cartel…

Lo más curioso es que cuando vi este cartel a la entrada de un centro comercial, jamás pensé que EVA (2011. Dirigida por Kike Maíllo. Guión de Sergi Belbel, Cristina Clemente, Martí Roca y Aintza Serra) se tratase de una historia de ciencia ficción. Pensé que era la típica peli de buenas acciones por Navidad, pero a la española y me dije: “Ideal para no pensar y subir un poco mi espíritu navideño que este año no es que esté bajo, es que no lo encuentro”…

…Pero nada más oír la música, me di cuenta de que esta cinta tenía de Navidad lo que yo de alta, o sea, nada. Y eso me gustó, me provocó más curiosidad aún por verla…

Y lo que me pasó a continuación es lo que pasa en la vida cuando alguien se genera  demasiadas expectativas sobre algo: que esperaba más de EVA.

Pero esto no le quita mérito alguno a la película: Los efectos especiales son muy buenos –con razón los han premiado en el Festival de Sitges-, la factura es impecable y el elenco de actores es para sobresaliente: Mi adorada Marta Etura, el enigmático y al tiempo encantador Daniel Brühl, y el inigualable Lluís Homar, entre otros.  Por cierto, Homar “encarna” un personaje muy divertido y especial, con el que era fácil caer en lo tópico y no lo ha hecho.

A pesar de llamarme guionista, creo que jamás seré “experta” en guiones porque eso sería lo mismo que ser experta en almas humanas, y eso no se puede… creo.  Así que expreso esta opinión como persona o como espectadora,  y de forma totalmente constructiva.

SINOPSIS DE LA WEB OFICIAL (http://www.evalapelicula.com/):

Año 2041. Un futuro cercano, donde los seres humanos viven acompañados de criaturas mecánicas.

Álex, un reputado ingeniero cibernético, regresa a Santa Irene con un encargo específico de la Facultad de Robótica: La creación de un niño robot. En estos diez años de ausencia, la vida ha seguido su curso para su hermano David y Lana que, tras la marcha de Álex, rehízo su vida.

La rutina de Álex se verá alterada de forma inesperada por Eva, la hija increíble hija de Lana y David, una niña especial, magnética, que desde el primer momento establece una relación de complicidad con Álex.

Juntos emprenderán un viaje que les precipitará a un final revelador.

 

EVA narra la historia de un regreso, de un reencuentro, de una pérdida.

Saltándome el inicio de manual de EVA con un teaser muy a la norteamericana, el primer acto del relato me pareció brutal. Toda la información en su justa medida, el descubrimiento progresivo de este futuro, digamos, real. Es decir, un futuro posible donde la sociedad ha avanzado lo bastante como para tener robots que le ayuden pero sigue con sus dilemas vitales, hábitos y defectos de siempre. Un futuro muy natural –no sé si me explico-; esto me gustó mucho.  Además,  se plantan y plantean perfectamente todo los conflictos.

(No quiero contar más de la cuenta para el que no la haya visto) Pero queda claro lo que busca, quiere, desea cada personaje y el objetivo del prota: Crear un niño robot. Así que el quid de cualquier historia funcionaba a la perfección: Quería que me contaran más y más…

En el segundo acto, la cosa cambia, la historia –a nivel de guión puro- empieza a enquistarse en tópicos, todo se ralentiza y los guionistas se empeñan con demasiado empeño, valga la redundancia, en decirnos que Eva no es lo que parece, algo es obvio desde antes de entrar al cine, ya que Eva es el título de la película…

…Cosa que por otro lado también me creó confusión: ¿Es Eva (Claudia Vega) la protagonista o lo es Alex (Daniel Brühl)? En el primer acto es Alex, pero en segundo, se enfoca más en Eva…  A mí esto me gustó, porque me encantan las pelis que cambian de prota a mitad de relato. Pero cierto es que si Eva es la protagonista, Alex se la come.

La relación de ambos personajes en la historia me gusta mucho. En parte porque es tremendamente parecida a la de Marty (Natalie Portman) y Willie Conway (Timothy Hutton) en Beautiful girls (1996. Director: Ted Demme. Guionista: Scott Rosenberg), una de mis pelis favoritas. Eva y Alex se conocen de casualidad como ellos, se hablan como adultos con ellos, van a patinar como ellos, Marty es también en una niña muy especial como Eva –salvando las distancias de la ciencia ficción, por supuesto-…  Muchos puntos similares que delatan que a los guionistas de EVA también les gustó Beautiful girls :-DDD…

En cualquier caso, el segundo acto no anuló totalmente mi curiosidad: Seguía queriendo saber más… Sobre todo porque me negaba a creer que una idea tan bonita no pudiera tener un buen final…

Y puede que fuera esa alta expectativa la que hizo que el tercer acto me decepcionara un poco. Los guionistas usan un engaño para que los espectadores no descubriéramos el final: Enfocan el rasgo especial de Eva en el ámbito familiar para desviar la atención del rasgo especial real. Ponen tanto énfasis en ello –al menos bajo mi percepción-, que el final deja de ser sorpresa –insisto, al menos para mí-.

De todos modos  esto no es lo que me decepcionó. Desde mi punto de vista, los finales son algo muy personal. Cada uno saca su lectura de las cosas. Pero si sentí  un vacío general, quedé con una sensación de insatisfacción después de verla:  ¿Sabes esa sensación cuando sales del cine de que la peli está bien pero… le falta algo, y no sabes qué es? Esa misma.

A mí me fascinan las almendras crudas (culpa de mi hermana y de su blog: (http://thenewyou.blog.com/body-transformation/) y están de miedo hasta que al final del paquete, no falla: La almendra amarga. Y comes más que no están amargas pero ni con esas consigues quitarte ese saborcillo…

Y creo que EVA te deja ese saborcillo porque falla en el ritmo. En el segundo acto va como mi abuela montando en bicicleta, pero en el tercero va en el bólido de Alonso: Todo pasa deprisa y violentamente…  Me da la sensación de que en el tercer acto se preocuparon tanto de que no se descubriera el final sorpresa que se olvidaron del cuento que estaban contando…

Aunque sólo por respeto los 22 años que el director ha tardado en poner en pie este proyecto desde que lo gestó,  merece la pena verla. Escribir cine, o TV, o concursos o radio, etc… Toda la escritura de guión de cualquier cosa y condición es muy gratificante al tiempo que desagradecida, porque el trabajo de meses, de años, se evapora en una hora y media. Sólo pocas cintas pasan al estado sólido y permanecen congeladas en el tiempo… Así que, en mi opinión,  si alguien ha invertido 22 de su vida en un proyecto cuyo resultado es tan efímero, qué menos que ver el resultado…

Es fácil criticar pero nadie se imagina todo lo que hay detrás porque encuentre una almendra amarga no significa que el resto sean igual…

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~ por Guiolista en 13 diciembre, 2011.

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