La voz dormida…

¡Ay¡ mi niña morenita, no te asustes con mi pena, que las lágrimas que corren
riegan la hierbabuena.
Duerme mi niña, duerme, la luna te mira, tu madre te quiere…

 

Mis abuelos –que ya no están con nosotros ninguno, y los extraño- no me hablaban mucho de la guerra; imagino que querrían olvidarla. Sólo me contaron alguna breve historia suelta. Pero sé que la tenían muy presente porque la foto de mi tía-abuela Pilar – a quien mataron durante la guerra con sólo 15 años de edad- presidía el mueble principal del salón.

Sé que nos han contado mil historias de la Guerra Civil, de la Post-Guerra y de Franco, pero con mi memoria de 3 segundos pez Doris a mí no me importa que me la recuerden las veces que haga falta. Sobre todo para quejarme menos y apreciar más lo que tengo, por poco que sea; para valorar que es lo realmente importante y, especialmente, para evitar que algo así vuelva a suceder… Y más aún, si me lo cuentan tan bien como lo ha hecho Benito Zambrano en La voz dormida (2011. Guión: Benito Zambrano e Ignacio del Moral, adaptación de la novela homónima de Dulce Chacón).

 

 

La voz dormida narra la historia de Pepita (María León), una joven cordobesa de origen rural, que va a Madrid en la posguerra para estar cerca de su hermana Hortensia (Inma Cuesta) que está embarazada y en prisión. Pepita conoce a Paulino (Marc Clotet), un valenciano de familia burguesa, que lucha junto a su cuñado Felipe (Daniel Holguín) en la sierra de Madrid. A pesar de la dificultad de su relación, se enamoran apasionadamente. Hortensia es juzgada y condenada a muerte. La ejecución no se llevará a cabo hasta que después del parto. Pepita intenta por todos los medios y en todas las instancias que condonen la ejecución. Va todos los días a la prisión con el objetivo de que le entreguen el futuro hijo de Hortensia, suplicando que no lo den en adopción o lo internen en un orfanato…

 

 

Para mí la película tiene una factura increíble, un guión maravilloso, una actuación sublime desde el mismísimo arranque. La escena inicial es brutal: nos ubica de golpe en una historia que como todo buen melodrama tiene de todo, incluso risas; de esas que se te escapan por muy duras que sean las circunstancias, y de la mayoría de ellas es culpable el entrañable personaje que interpreta María León.

La cinta está basada en la novela homónima de Dulce Chacón –novela que he pedido a los Reyes-, pero aún sin haberla leído, se puede ver, sentir, y hasta oler si esto fuera posible a través del cine, que la película pertenece a Benito Zambrano de principio a fin. Y no es que sea mi amigo, ojalá, pero sí tuve oportunidad de conocerlo y hablar con cuando yo estudiaba en la Escuela Internacional de Cine y TV de la Habana (EICTV)…

…Era el curso 1999-2000, Zambrano acaba de estrenar su ópera prima: Solas (1999. Guión: Benito Zambrano) y él, que también había estudiado en la EICTV, venía lleno de orgullo -sano-  a la escuela para contarnos todos los vericuetos del rodaje. Zambrano fue -y así creo que sigue al ver La voz dormida – muy cercano, humilde, sensible y con una enorme sonrisa en su rostro. No creo que me recuerde –y hace bien :-D-, a pesar de que me dio su email, pero yo sí le recuerdo a él.

 

 

Lo que es seguro  es que Zambrano cuando se mete en un proyecto lo hace a conciencia. Lo que más me gusta de su trabajo como guionista y cineasta es que tiene una filmografía corta pero intensa, llena de sensibilidad, de inteligencia y con un toque de humor y cariño muy especial. Es auténtica, y ser auténtico en este oficio es de las cosas más difíciles de conseguir, mantener.

 

 

En toda clase de guión, lo primero que te dice el profesor cuando llega al área de la adaptación literaria es que una película jamás, jamás, jamás podrá ser igual que el libro. Porque la literatura y el cine son modos de narrar historias muy distintos: Una narra para leer y otro narra para ver…

Al respecto, leí lo siguiente en un blog: “justo antes de irse a rodar Habana Blues a Cuba, hace tres años, Benito Zambrano leyó la novela -que le “impresionó muchísimo”- de Dulce Chacón, muerta en el 2003. Zambrano conoció a la escritora  en el hospital, días antes de que ella supiese que tenía cáncer. En la segunda y última ocasión en que conversaron, Zambrano le contó que quería hacer algo con su obra”.

Yo creo que la escritora habría estado muy satisfecha con lo que “Zambrano quería hacer son su obra”…

 

 

Es una película de mujeres, como lo fue Solas; unas mujeres interpretadas con un arte que quita el sentío. Y no sólo por los papeles protagonistas interpretados por María León e Inma Cuesta, sino por todos los secundarios femeninos del primero al último: Ana Wagener (Mercedes), Susi Sánchez (Sor Serafines), Berta Ojea (La Zapatones), Lola Casamayor (Reme), Ángela Cremonte (Elvira) y la lista sigue… Zambrano no sólo demuestra con este film que es un magnífico guionista sino también un maestro de la dirección.

 

 

A mí no importa que tarde otros tantos años en hacer otra película, porque Zambrano es como la cocina de mis abuelos: todo a fuego lento, que se concina mejor. Me inclino ante usted señor Zambrano, qué maravilla…

 

 

 

 

 

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~ por Guiolista en 29 diciembre, 2011.

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